¿Y esto para qué lo hacemos?

Esa fue la pregunta que me hizo un líder de equipo hace unos meses.

Llevaban semanas trabajando en un proyecto, cumpliendo objetivos… pero nadie entendía realmente el propósito detrás.
Y no era un caso aislado. En esa organización, como en muchas otras, había tableros llenos de KPIs, reuniones de seguimiento, reportes semanales… pero la conexión se había perdido.
Cada área remaba en su dirección. La energía se dispersaba. Y la desmotivación crecía.
No por falta de talento. Sino por falta de claridad.

Entonces hicimos algo simple pero poderoso:
Nos sentamos a traducir la estrategia en conversaciones reales. A conectar cada objetivo con el impacto que generaba. A hacer visible cómo el trabajo de cada persona alimentaba un propósito común.
El cambio no fue inmediato, pero fue real:
El equipo empezó a tomar decisiones más alineadas
Las conversaciones dejaron de ser solo sobre “qué hacer” y empezaron a ser sobre “para qué”
Los resultados llegaron: más sostenibles, más coherentes, con sentido

La clave nunca estuvo en tener más objetivos.
Estuvo en conectarlos con las personas que los hacen posibles.
¿Tu equipo entiende el para qué de lo que hace cada día?

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